Facebook 

Internacionales

Internacionales (20)

Suspendisse at libero porttitor nisi aliquet vulputate vitae at velit. Aliquam eget arcu magna, vel congue dui. Nunc auctor mauris tempor leo aliquam vel porta ante sodales. Nulla facilisi. In accumsan mattis odio vel luctus. Fusce egestas, augue in fermentum euismod, quam ante mattis lorem, a tempor ipsum mi sed elit.

El 13 de diciembre de 1969, solo cuatro días antes de cumplir 33 años de edad, el jesuita Jorge Mario Bergoglio, ahora convertido en el Papa Francisco, fue ordenado sacerdote por el Arzobispo Emérito de Córdoba (Argentina), Mons. Ramón José Castellano.

Aquel 13 de diciembre, hace 50 años, fue sábado, vísperas del tercer domingo de Adviento. En la liturgia de la Iglesia este día es conocido como el Domingo de Gaudete o Domingo de la Alegría, para muchos el sello del pontificado del Papa Francisco junto con la misericordia.

Según el libro “El jesuita: Conversaciones con el cardenal Jorge Bergoglio”, Francisco descubrió su vocación al sacerdocio mientras estaba en camino a celebrar el Día de la Primavera. Cuando pasó por la iglesia del barrio de Flores para confesarse, recibió una especial inspiración del sacerdote que lo acogió entonces.

En otra oportunidad el Santo Padre contó que inicialmente su madre no apoyó su decisión de entrar al sacerdocio, a pesar de que ella era una católica devota. Sin embargo, cuando fue ordenado, ella aceptó su llamado y pidió su bendición al final de la ceremonia.

Jorge Mario Bergoglio prosiguió su formación como jesuita entre 1970 y 1971 en España. El 22 de abril de 1973 emitió sus profesiones perpetuas en la Compañía de Jesús.

Cuando regresó a Argentina sirvió como profesor en la Facultad de Teología de San José en la localidad de San Miguel (en las afueras de la ciudad de Buenos Aires), rector del Colegio y, a la edad de 36 años, fue designado provincial de Argentina de los jesuitas.

Por: Diego López Marina/ ACI Prensa

El Papa Francisco recibió este 12 de diciembre a los miembros de la Congregación para las Causas de los Santos con ocasión del 50º aniversario de la institución y destacó que “los santos no son seres humanos inalcanzables, sino que están cerca de nosotros y pueden sostenernos en el camino de la vida”.

Tras el saludo del prefecto del dicasterio, el Cardenal Angelo Becciu, el Papa Francisco recordó que el 8 de mayo de 1969 “San Pablo VI decidió sustituir la Congregación para los Sagrados Ritos por dos dicasterios: la Congregación para las Causas de los Santos y la Congregación para el Culto Divino. Con esta decisión hacía posible dedicar los recursos humanos y laborales adecuados a dos grandes áreas claramente diferenciadas, para responder mejor tanto a las peticiones cada vez numerosas de las Iglesias particulares como a la sensibilidad conciliar”.

En esta línea, el Pontífice destacó que en este medio siglo de actividad la Congregación “ha examinado un gran número de perfiles biográficos y espirituales de hombres y mujeres para presentarlos como modelos y guías de vida cristiana”, y añadió que “las numerosas beatificaciones y canonizaciones que se han celebrado en las últimas décadas significan que los santos no son seres humanos inalcanzables, sino que están cerca de nosotros y pueden sostenernos en el camino de la vida”.

“El testimonio de los beatos y de los santos nos ilumina, nos atrae y nos interpela, porque es ‘palabra de Dios’ encarnada en la historia y cercana a nosotros. La santidad impregna y acompaña siempre la vida de la Iglesia peregrina en el tiempo, a menudo de manera oculta y casi imperceptible”, explicó.

 

Por ello, el Santo Padre animó a “aprender a ver la santidad en el pueblo de Dios paciente: a los padres que crían con tanto amor a sus hijos, en esos hombres y mujeres que trabajan para llevar el pan a su casa, en los enfermos, en las religiosas ancianas que siguen sonriendo. Es muchas veces la santidad de la puerta de al lado, de los que viven cerca de nosotros y son un reflejo de la presencia de Dios”.

De este modo, el Papa Francisco insistió que este dicasterio “está llamado a verificar las diversas modalidades de la santidad heroica, la que resplandece más visible como la más oculta y menos aparente, pero igualmente extraordinaria”.

“La santidad es la verdadera luz de la Iglesia: como tal, debe ser colocada en el candelabro para que pueda iluminar y guiar el camino hacia Dios de todo el pueblo redimido”, exclamó el Papa.

Además, el Pontífice alabó el trabajo que se realiza en este ámbito desde la antigüedad “con escrupulosidad y exactitud en la investigación, con seriedad y pericia en el estudio de las fuentes procesales y documentales, con objetividad y rigor en el examen y en cada nivel de juicio, concerniente al martirio, a la heroicidad de las virtudes, al ofrecimiento de la vida y al milagro”.

En este sentido, Francisco los exhortó a “continuar por el camino trazado y seguido durante unos cuatro siglos por la Congregación de los Sagrados Ritos, y continuado durante los últimos cincuenta años por la Congregación de las Causas de los Santos”.

 

También, el Papa instó a los postuladores a ser “cada vez más conscientes de que su función requiere una actitud de servicio a la verdad y de cooperación con la Santa Sede” y añadió que “no deben dejarse guiar por visiones materiales e intereses económicos, no deben buscar su afirmación personal y, sobre todo, deben evitar todo aquello que esté en contradicción con el significado de la labor eclesial que realizan”.

“Los postuladores no deben olvidar nunca que las causas de beatificación y canonización son realidades de naturaleza espiritual, no solamente procesal. Por eso deben ser tratadas con una marcada sensibilidad evangélica y con rigor moral”, dijo el Papa.

Finalmente, el Santo Padre agradeció a la Congregación para las Causas de los Santos por “su diligente servicio a toda la Iglesia”, ya que “a través de su obra están al lado especialmente de los obispos para apoyar su compromiso de difundir la conciencia de que la santidad es la exigencia más profunda de todo bautizado, el alma de la Iglesia y el aspecto primario de su misión”.

El Papa Francisco rezó a la Virgen, como cada 8 de diciembre, en la popular Plaza España de Roma, donde se encuentra el monumento a la Inmaculada Concepción, cuya Solemnidad se celebra hoy.

El Santo Padre llegó a la Plaza a las 3.50 p.m. (hora de Roma) después de haber ido a la Basílica de Santa María la Mayor, donde rezó brevemente ante el ícono de la Salus Populi Romani, patrona y protectora del pueblo romano.

A su llegada, el Pontífice bendijo a los fieles congregados en la Plaza y después se cantaron las letanías a la Virgen.

Luego, el Papa Francisco se situó bajo la gran columna sobre la que se alza la estatua de la Inmaculada y pronunció con profunda devoción esta oración:

Oh María Inmaculada
nos reunimos una vez más a tu alrededor.
Cuanto más avanzamos en la vida,
más aumenta nuestra gratitud a Dios
por darnos como madre, a nosotros pecadores,
a Ti, que eres la Inmaculada.

 

Entre todos los seres humanos, eres la única
preservada del pecado, por ser la madre de Jesús,
Cordero de Dios que quita el pecado del mundo.

Pero este privilegio único
te fue dado por el bien de todos nosotros, tus hijos.
De hecho, mirándote, vemos la victoria de Cristo,
la victoria del amor de Dios sobre el mal:
donde abundaba el pecado, es decir, en el corazón humano,
sobreabundó la gracia,
por la mansa potencia de la Sangre de Jesús.

Tú, Madre, nos recuerdas que, sí, somos pecadores,
¡pero que ya no somos esclavos del pecado!
Tu hijo, con su Sacrificio,
rompió el dominio del mal, venció al mundo.
Esto narra tu corazón a todas las generaciones,
claro como el cielo donde el viento ha disipado toda nube.

Y así nos recuerdas que no es lo mismo
ser pecadores que ser corruptos: es muy diferente.
Una cosa es caer, y luego arrepentirse, confesarlo
y levantarse de nuevo con la ayuda de la misericordia de Dios.
Otra cosa es la connivencia hipócrita con el mal,
la corrupción del corazón, que se muestra impecable por fuera,
pero por dentro está lleno de malas intenciones y mezquino egoísmo.
Tu pureza clara nos llama a la sinceridad,
a la transparencia, a la simplicidad.
¡Cuánto necesitamos ser liberados
de la corrupción del corazón, que es el peligro más grave!

Esto nos parece imposible, de tan acostumbrados que estamos,
y en cambio está a la mano. ¡Basta levantar la mirada
a tu sonrisa de Madre, a tu belleza incontaminada,
para volver a sentir que no estamos hechos para el mal,
sino para el bien, para el amor, para Dios!

Por esto, oh Virgen María,
hoy te confío a todos los que, en esta ciudad
y en todo el mundo, están oprimidos por la desconfianza,
por el desánimo a causa del pecado;
aquellos que piensan que para ellos no hay más esperanza,
que sus faltas son demasiadas y demasiado grandes
y que Dios no tiene tiempo para perder con ellos.

 

Te los confío porque tú no solo eres madre
y como tal nunca dejas de amar a tus hijos,
sino que también eres la Inmaculada, la llena de gracia,
y puedes reflejar en la oscuridad más profunda
un rayo de luz de Cristo Resucitado.
Él, y solo Él, rompe las cadenas del mal,
libera de las adicciones más implacables,
desata los lazos más criminales,
suaviza los corazones más endurecidos.

Y si esto sucede dentro de las personas,
¡cómo cambia el rostro de la ciudad!
En los pequeños gestos y en las grandes opciones,
los círculos viciosos se vuelven poco a poco virtuosos,
la calidad de la vida mejora
y el clima social se vuelve más respirable.

Te agradecemos, Madre Inmaculada,
por recordarnos que, por el amor de Jesucristo,
ya no somos más esclavos del pecado,
sino libres, libres de amar, de querernos,
de ayudarnos como hermanos, aunque sean diferentes de nosotros.
Gracias porque, con tu candor, nos animas
a no avergonzarnos del bien, sino del mal;
nos ayudas a mantener alejado de nosotros al maligno,
que con el engaño nos atrae hacia sí, dentro de las agujas de la muerte;
nos das el dulce recuerdo de que somos hijos de Dios,
Padre de inmensa bondad,
fuente eterna de vida, belleza y amor.
Amén.

Al finalizar la oración, el Papa Francisco saludó a algunas de las autoridades religiosas y civiles presentes. Después se acercó a bendecir a numerosos enfermos en sillas de ruedas mientras que el coro entonaba el tradicional canto “Ave, Ave, Ave María” que los peregrinos entonan en la Santuario de Nuestra Señora de Lourdes (Francia).

Por último, el Pontífice saludó a tres guardias civiles españoles y tras la solicitud de una guardia, se colocó brevemente un tricornio, el tradicional sombrero negro de su uniforme.

Redacción ACI prensa

El Arzobispo de Piura y Tumbes (Perú), Mons. José Antonio Eguren, alentó que el misterio de la Navidad que se celebrará en pocos días, aliente a los católicos a dar testimonio de Jesucristo con valentía.

“Deseo de que ante la inminente celebración del misterio de la Encarnación-Nacimiento del Hijo de Dios, todos profesemos la auténtica fe en el Señor Jesús, ya que una cierta mentalidad relativista imperante, cuestiona hoy en día no pocas veces el misterio de la Encarnación del Hijo de Dios como el acontecimiento de la salvación para toda la humanidad”, escribió el Prelado en su exhortación pastoral por la Solemnidad de la Natividad del Señor Jesús 2019.

La gran fiesta de la Navidad, debe llevarnos a todos los hijos de la Iglesia a proclamar nuestra fe y amor en Jesucristo, el Hijo único de Dios, concebido por obra y gracia del Espíritu Santo, y nacido de Santa María Virgen”, continuó.

Mons. Eguren pidió luego que “en esta Navidad, al contemplar los diversos belenes de nuestros hogares, calles y plazas, nos maravillemos una vez más del misterio de amor que significa que Cristo haya venido a nosotros en la humildad de nuestra carne; que Dios se haya anonadado tomando la condición de servidor, haciéndose semejante en todo a nosotros menos en el pecado”.

“Que el misterio de Navidad nos lleve a confesar con valentía a Jesucristo, el Hijo de Dios y de la Virgen-Madre, quien se encarnó, murió y resucitó, y quien vendrá de nuevo al final de los tiempos a juzgar a vivos y muertos. ¡Sí: Nuestro único Señor y Salvador es Jesucristo, el Hijo de Dios vivo! ¡Lo que más apreciamos en el cristianismo es al mismo Cristo!”, exhortó.

El Arzobispo recordó luego que la principal misión de los cristianos es “anunciar a Cristo como único Salvador de la humanidad” que en estos tiempos “necesita descubrir que Cristo es su Salvador. Este es el anuncio que los cristianos tenemos que llevar con renovada valentía al mundo de hoy, para así orientar la mirada del hombre moderno hacia el misterio del Señor Jesús, misterio en el cual sólo podrá hallar la respuesta a sus interrogantes y la fuerza necesaria para edificar la auténtica solidaridad humana”.

Tras resaltar que Cristo viene al mundo para salvarnos de las tinieblas y el pecado, Mons. Eguren destacó que “Jesús, da a quien lo acoge la alegría que perdura, y a los pueblos que se abren a su amor, la unidad y la paz. La Navidad nos pide abrir el corazón a quien nos abre de par en par las puertas del Reino de los Cielos”.

“Celebrar la Navidad nos exige adorar al Niño Dios, y hacerle espacio en nuestro corazón, convirtiéndonos a su amor, a ese amor que creó el cielo y la tierra y que da vida a cada criatura: A los minerales, a las plantas, a los animales; a ese amor que es la fuerza que atrae al hombre y a la mujer, y hace de ellos una sola carne, una sola existencia; a ese amor que regenera la vida, que perdona las culpas, que reconcilia a los enemigos, y que transforma el mal en bien”.

El Prelado indicó también que en “En el misterio de Navidad hay una fuerte experiencia de la belleza de la familia. José y María, acogen a Jesús-Amor. ¡Cuánto necesitan hoy nuestras familias de ese amor! ¡Y cuánto necesita nuestra sociedad de familias fuertes en el amor del Señor! La familia, es la célula básica de la sociedad, la escuela del más perfecto humanismo, Iglesia doméstica y santuario de la vida”.

Por eso “la familia constituye la gran ‘riqueza social’, que otras instituciones no pueden sustituir”.

“Si Dios quiso entrar al mundo por medio de una familia, fue para subrayarnos que la familia es esencial para la conversión del mundo a Dios y para que exista una sociedad digna de la persona humana”, aseguró.

El Arzobispo peruano remarcó asimismo que “en la Navidad celebramos la gratuidad del amor de Dios que vence la lógica del utilitarismo, del egoísmo, del costo-beneficio, de la indiferencia y de la corrupción”.

Por ello, “si queremos que el desarrollo económico, social y político sea auténticamente humano, hay que dar espacio al principio de gratuidad como expresión de fraternidad que se hace patente en el misterio de Dios que se dona sin condiciones por amor a nosotros”.

“La gratuidad, como experiencia central de la Navidad, ‘fomenta y extiende la solidaridad y la responsabilidad por la justicia y el bien común en sus diversas instancias y agentes’”, refirió.

Redacción ACI Prensa

El Papa Francisco se trasladó este domingo 1 de diciembre a la localidad italiana de Greccio para rezar en el Santuario Franciscano construido alrededor de la gruta donde, en el 25 de diciembre de 1223, San Francisco de Asís estableció el primer pesebre de la historia.

El Pontífice rezó en silencio durante unos minutos en la gruta del pesebre y, a continuación, firmó la Carta Apostólica Admirabile signum sobre el significado y el valor del pesebre.

Cuando finalizó su oración, se reunió con un grupo de franciscanos y franciscanas y les dirigió algunas palabras y les recordó que “el mensaje más grande de San Francisco es el testimonio. Está la frase: ‘Predicad el Evangelio, si fuese necesario, también con la palabra’. No se trata de hacer proselitismo, de convencer…, es el Espíritu el que convence”.

 

Luego, subió a la iglesia del Santuario donde presidió la Liturgia de la Palabra. En su breve meditación, el Santo Padre destacó “los muchos pensamientos que se acumulan en la mente en este lugar santo”.

“Y, sin embargo, ante la roca de este monte tan querido para San Francisco, aquello a lo que estamos llamados es a redescubrir la sencillez”, señaló.

Explicó que “el pesebre, que por primera vez San Francisco realizó precisamente en este pequeño espacio, a imitación de la angosta gruta de Belén, habla por sí solo. Aquí no hay necesidad de multiplicar las palabras, porque la escena que se expone ante nuestros ojos expresa la sabiduría de la que tenemos necesidad para adquirir lo esencial”.

“Delante del pesebre descubrimos cómo de importante es para nuestra vida, con frecuencia tan frenética, encontrar momentos de silencio y de oración. El silencio, para contemplar la belleza del rostro de Jesús niño, el Hijo de Dios, nacido en la pobreza de un estable”.

“La oración, para expresar el ‘gracias’ admirado ante este inmenso regalo de amor que se nos ha hecho”.

Para el Papa, el signo del pesebre, “simple y admirable, que la piedad popular ha acogido y transmitido de generación en generación, manifiesta el gran misterio de nuestra fe: Dios nos ama hasta el punto de compartir nuestra humanidad y nuestra vida. Nunca nos deja solos, nos acompaña con su presencia escondida, pero no invisible”.

Al igual que hicieron los pastores de Belén, “acogemos la invitación de ir a la gruta para ver y reconocer el signo que nos ha dado Dios. Entonces nuestro corazón estará lleno de alegría, y podremos llevarla allí donde hay tristeza”.

Redacción ACI Prensa

“La Iglesia nunca es ajena, humana ni espiritualmente, a cuantos sufren”, afirmó el Papa Francisco hablando de los matrimonios rotos o que se encuentran en dificultad.

El Papa recibió este sábado 30 de noviembre a los participantes en el curso organizado por el Tribunal de la Rota Romana en el histórico Palacio de la Cancellería sobre la tutela del matrimonio y el cuidado pastoral de las parejas heridas.

Francisco explicó que muchas situaciones difíciles por las que puede atravesar un matrimonio “no pueden tratarse con una aproximación meramente burocrática, casi mecánica. Se trata, más bien, de entrar en la vida de las personas que sufren, que tienen sed de serenidad y de felicidad personal y de pareja”.

Recordó que hoy, “las heridas del matrimonio provienen de muchas y diferentes causas: psicológicas, físicas, ambientales, culturales…; a veces están cerradas por el cierre del corazón humano al amor, por el pecado que nos afecta a todos”.

Este cierre “socava surcos profundos y amargos en los corazones de muchas personas implicadas, heridas sangrientas ante las que la Iglesia no desviará la mirada a otra parte”.

Por ese motivo, “la Iglesia, cuando se encuentra con esta realidad de parejas heridas, en primer lugar, llora y sufre con ellas; se acerca con el aceite del consuelo para aliviar y curar; quiere cargar sobre ella el dolor con el que se encuentra”.

El Papa continuó: “La Iglesia busca siempre y sólo el bien de las personas heridas, busca la verdad de su amor; no tiene otra cosa en mente que sostener su justa y deseada felicidad, la cual, ante que un bien personal al que todos, humanamente aspiran, es un don que Dios reserva a sus hijos y que proviene de Él”.

Por ese motivo, “toda causa eclesiástica que afronta un matrimonio herido, y por lo tanto los trabajadores, los jueces, las partes afectadas, los testimonios, deben siempre en primer lugar confiarse al Espíritu Santo para que, guiados por Él, puedan escuchar con justo criterios, sepan examinar, discernir y juzgar”.

“Un proceso no es algo matemático para ver simplemente qué motivo pesa más que otro. No. Es el Espíritu Santo el que debe guiar el proceso, siempre. Si no está el Espíritu Santo, lo que hacemos no es eclesial”, aseguró.

Redacción ACI Prensa

Este 29 de noviembre, durante la Misa matutina en la Casa Santa Marta, el Papa Francisco reflexionó sobre la muerte, ese momento al final de la vida terrenal para la cual debe prepararse toda persona.

El Santo Padre abordó este tema al reflexionar sobre el pasaje evangélico del día, en el que Lucas recoge las palabras de Cristo: "El cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán".

Francisco indicó que así como lo dijo el Señor, "todo terminará", pero "Él permanecerá". Recordó que ninguna persona sabe cuándo será llamada ante la presencia de Dios y que a menudo se tiende a posponer el pensamiento sobre esta realidad, creyendo que somos eternos.

 

"Todos tenemos esta debilidad de vida, esta vulnerabilidad. Ayer estaba meditando sobre esto, en un hermoso artículo que ha salido en la Civiltà Cattolica que nos dice que lo que todos tenemos en común es la vulnerabilidad: somos iguales en la vulnerabilidad. Todos somos vulnerables y en algún momento esta vulnerabilidad nos conduce a la muerte. Por esto, vamos al médico para ver cómo va mi vulnerabilidad física, otros van donde el psicólogo para curar alguna vulnerabilidad psíquica", indicó.

Según informó Vatican News, el Papa Francisco afirmó que la vulnerabilidad une a los hombres y ninguna ilusión los protege. En mi tierra, recordó el Papa, había la moda de pagar el funeral por adelantado con la ilusión de ahorrar dinero para la familia. Sin embargo, salió a la luz el fraude provocado por algunas empresas funerarias y la moda pasó.

"Cuántas veces nos engaña la ilusión", dijo el Papa, como el de "ser eterno". En cambio, la certeza de la muerte está escrita en la Biblia y en el Evangelio, pero el Señor siempre nos la presenta como un "encuentro con Él" y la acompaña con la palabra "esperanza".

 

"El Señor nos dice que estemos preparados para el encuentro, la muerte es un encuentro: es Él quien viene a encontrarnos, es Él quien viene a tomarnos de la mano y llevarnos con él. ¡No quisiera que este simple sermón sea un aviso de funeral! Es simplemente el Evangelio, es simplemente la vida, simplemente decirse el uno al otro: todos somos vulnerables y todos tenemos una puerta a la que el Señor llamará algún día".

Por lo tanto, dijo que es necesario prepararse bien para el momento en que tocará el timbre y el Señor llamará a nuestra puerta. Recemos los unos por los otros, es la invitación del Papa también a los fieles presentes en la Misa, para estar listos, para abrir la puerta con confianza al Señor que viene.

"De todas las cosas que hemos reunido, que hemos ahorrado, legalmente buenas, no nos llevaremos nada... Pero sí, llevaremos el abrazo del Señor. Piensa en tu propia muerte: ¿cuándo moriré? En el calendario no está arreglado, pero el Señor lo sabe. Y orar al Señor: ‘Señor, prepara mi corazón para morir bien, morir en paz, morir con esperanza’. Esta es la palabra que siempre debe acompañar nuestra vida, la esperanza de vivir con el Señor aquí y luego vivir con el Señor en otra parte. Oremos los unos por los otros, por esto", expresó.

El Papa Francisco nombró como nuevo Arzobispo de Manaos a Mons. Leonardo Ulrich Steiner, hasta ahora Obispo Auxiliar de Brasilia; y al P. Dilmo Franco de Campos como Obispo Auxiliar de Anápolis, ambos en Brasil.

Mons. Ulrich sucede en el cargo de Arzobispo de Manaos a Mons. Sérgio Eduardo Castriani, de 65 años de edad, cuya renuncia fue aceptada, según informó la Arquidiócesis, por razones de salud.

Mons. Leonardo Ulrich Steiner nació el 6 de noviembre de 1950 en Forquilhinha, estado de Santa Catarina, en la Diócesis de Criciúma (Brasil).

Hizo su profesión religiosa en la Orden de los Frailes Menores el 2 de agosto de 1976 y fue ordenado sacerdote el 21 de enero de 1978.

Estudió Filosofía y Teología con los franciscanos de Petrópolis; se licenció en Filosofía y Pedagogía en la Facultad Salesiana de Lorena. Obtuvo su licenciatura y doctorado en Filosofía en la Pontificia Universidad Antonianum de Roma.

Después de sus estudios y un período como vicepárroco y párroco, fue formador en el Seminario hasta 1986 y maestro de novicios de 1986 a 1995.

De 1995 a 2003 fue profesor de Filosofía y secretario del Antonianum. De regreso a Brasil en 2003, fue vicepárroco del Bom Jesus en la Arquidiócesis de Curitiba, así como profesor de la Facultad de Filosofía Bom Jesus.

El 2 de febrero de 2005 fue nombrado Obispo Prelado de São Félix y recibió la ordenación episcopal el 16 de abril de ese mismo año.

El 21 de septiembre de 2011 fue nombrado Obispo Auxiliar de Brasilia.

Entre mayo de 2011 y mayo de 2019 fue secretario general de la Conferencia Episcopal Brasileña.

 

 

Mons. Dilmo Franco de Campos, Obispo Auxiliar electo de Anápolis, nació el 15 de marzo de 1972 en Formosa, estado de Goiás. Estudió Filosofía y Teología en el Seminario Mayor Arquidiocesano de Brasilia. Obtuvo la licenciatura en Teología Moral en la Pontificia Universidad Gregoriana de Roma (2003-2005).

Fue ordenado sacerdote el 10 de enero de 1998, incardinándose en la Diócesis de Formosa.

Ha desempeñado, entre otros, los siguientes cargos: administrador parroquial de São Domingos de Gusmão en São Domingos (1998-1999); administrador parroquial de Nossa Senhora do Rosário en Flores de Goiás (1999); administrador parroquial de la Catedral de Formosa (1999-2002 y 2008-2015); asistente pastoral en la parroquia de los Brasileños en Londres (2005).

También ha sido miembro del Colegio de Consultores y del Consejo Presbiteral, coordinador y profesor del Curso de Teología para Laicos; consejero diocesano para la Pastoral de la Familia; ecónomo de la diócesis; miembro del equipo de formadores del Seminario São João Maria Vianney de la archidiócesis de Goiânia (2006-2007).

 Actualmente es réctor del Seminario Maior São João Maria Vianney de la Arquidiócesis de Goiânia.

El Papa Francisco ha regresado de Asia y, como es tradición, acudió a la Basílica de Santa María la Mayor (Roma) para rezar ante la Virgen y agradecer por los frutos de su reciente viaje apostólico a Tailandia y Japón, realizado del 20 al 26 de noviembre.

En el Twitter de la Oficina de Prensa de la Santa Sede se informó que el Pontífice se trasladó pasadas las cinco de la tarde de hoy (hora de Roma) para rezar ante el icono de la Salus Populi Romani (Protectora del Pueblo Romano).

 

“Al regresar de su viaje a Tailandia y Japón, el Papa Francisco fue a la Basílica de Santa María la Mayor a rezar”, dice el mensaje.

Este martes el Santo Padre dejó Asia, partiendo desde el aeropuerto de Tokio (Japón) a las 11:37 a.m.; el vuelo aterrizó en el Aeropuerto de Roma-Ciampino alrededor de las 4:22 p.m. (hora italiana).

El Santo Padre estuvo en Tailandia del miércoles 20 al sábado 23 de noviembre y visitó Bangkok, donde se reunió con autoridades, con el Patriarca Supremo de los Budistas, la comunidad católica del país sacerdotes, religiosas y jóvenes.

Ese mismo sábado partió hacia Japón, donde visitó Hiroshima, Nagasaki y Tokio.

Este ha sido el viaje internacional número 32 del Papa Francisco, y la quinta vez que visita un país asiático.

El papa Francisco invitó al Patriarca de los Budistas en Tailandia a aunar esfuerzos para realizar obras de caridad a favor de los más pobres del país y para proteger la casa común.

 “Podremos impulsar entre los fieles de nuestras religiones el desarrollo de nuevas imaginaciones de la caridad, que sean capaces de generar y aumentar iniciativas concretas en el camino de la fraternidad, especialmente con los más pobres, y en referencia a nuestra tan maltratada casa común”, expresó el Papa. 

De esta manera, afirmó, “contribuiremos a la construcción de una cultura de compasión, fraternidad y encuentro tanto aquí como en otras partes del mundo (cf. ibíd.). Estoy seguro que este camino seguirá dando frutos y en abundancia”. 

Francisco ha querido consolidar las buenas relaciones con el líder budista de cara a sostener la libertad religiosa en el país, la cual ha permitido en varios decenios la convivencia pacifica entre la pequeña comunidad cristiana (1%) y la mayoría budista. 

 En este sentido, sostuvo: “doy las gracias a este pueblo porque, desde la llegada del cristianismo a Tailandia, hace unos cuatro siglos y medio, los católicos, aun siendo un grupo minoritario, han disfrutado de la libertad en la práctica religiosa y durante muchos años han vivido en armonía con sus hermanos y hermanas budistas”.
 

Recordó las palabras de Juan Pablo II que visitó el país en 1984 y vistió en este Templo al Patriarca Supremo, Somdej Phra Ariyavongsagatanana (Vasana Vasano) y llamó a los tailandeses  budistas: el pueblo de la sonrisa. Además, mencionó el esfuerzo por cultivar el diálogo. 

“En las fuentes del budismo la mayoría de los tailandeses han nutrido y permeado su manera de reverenciar la vida y a sus ancianos, de llevar adelante un estilo de vida sobrio basado en la contemplación, el desapego, el trabajo duro y la disciplina”. 

Pablo VI también recibió la visita en el Vaticano, hace 50 años, del decimoséptimo Patriarca Supremo, Somdej Phra Wanarat (Pun Punnasiri). En su discurso, el Papa que considera a los budistas por su austeridad muy cercanos a la espiritualidad franciscana, remarcó el hito de estas relaciones “en el desarrollo del diálogo entre nuestras dos tradiciones religiosas”. 

Francisco asimismo recordó el regalo que una delegación de monjes del templo de Wat Pho le llevó hasta el vaticano recientemente: “una traducción de un antiguo manuscrito budista escrito en lengua pali, conservado ahora en la Biblioteca Vaticana”. 

Se trata – remarcó – de “pequeños pasos que ayudan a testimoniar no sólo en nuestras comunidades sino en nuestro mundo, tan impulsado a generar y propagar divisiones y exclusiones, que la cultura del encuentro es posible”. 

“Cuando tenemos la oportunidad de reconocernos y valorarnos, incluso desde nuestras diferencias, ofrecemos al mundo una palabra de esperanza capaz de animar y sostener a los que resultan siempre más perjudicados por la división”. 

El Papa reafirmó que “las religiones se manifiesten cada vez más como faros de esperanza, en cuanto promotoras y garantes de fraternidad”. 

Subrayó el deseo de reiterar su “personal compromiso y el de toda la Iglesia por el fortalecimiento del diálogo abierto y respetuoso al servicio de la paz y del bienestar de este pueblo”.

“Una vez más, agradezco a Su Santidad este encuentro. Pido que sea colmado de todas las bendiciones divinas para su salud y bienestar personal, y por su alta responsabilidad de guiar a los creyentes budistas en los caminos de la paz y la concordia. ¡Gracias!”, concluyó el Papa refiriéndose al líder budista.

En Tailandia, el budismo, como la Iglesia católica en varios países de occidente, también está buscando renovarse para desmarcar la institución y sus miembros ‘sanos’ de la corrupción económica y del escándalo sexual. Las noticias internacionales evidencian el abuso sexual de niños durante su estancia en algún monasterio; el robo y la malversación de dinero por parte de monjes. 

El budismo Theravada prevalece en el país. Se trata de la escuela budista más antigua entre las que aún existen. Los jóvenes tailandeses aspiran, una vez en la vida a entrar en el monasterio donde aprenden a practicar la meditación por una semana o por varios años. Tailandia tiene una población multiétnica, punto fuerte de su progreso y, en general, los católicos son percibidos positivamente.

Fuente: aleteia.org

 DATOS IMPORTANTES
 
 
Derechos Reservados
Diócesis de Huajuapan 2019

Información

Matamoros # 6, Col Centro
Huajuapan de León Oaxaca
Tel: 53 2 07 25
Correo
formacioncatolicasanjose@hotmail.com
Horario de atención
09:00 - 20:00 hrs
 
Responsables
 
Lic. Angeles Marquez
Srita. Laura Racine 
7144730
Visitas HOY
Visitas AYER
Visitas ESTA SEMANA
Visitas SEMANA PASADA
Visitas ESTE MES
Visitas MES PASADO
VISITAS TOTALES
2737
19738
102051
6481259
210259
449734
7144730

Your IP: 3.233.239.20
2019-12-14 04:41

FOTOS

Template Settings

Theme Colors

Cyan Red Green Oranges Teal

Layout

Wide Boxed Framed Rounded
Patterns for Layour: Boxed, Framed, Rounded
Top
We use cookies to improve our website. By continuing to use this website, you are giving consent to cookies being used. More details…