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Tras dirigir el rezo del Ángelus este domingo 22 de marzo, el Papa Francisco anunció que impartirá una Bendición Urbi et Orbi extraordinaria con la plaza San Pedro vacía. Esta decisión ha sido tomada debido a la actual pandemia de coronavirus COVID-19 para permitir que puedan recibir la indulgencia plenaria quienes la seguirán a través de los medios de comunicación. 

En concreto, el próximo viernes 27 de marzo a las 6:00 p.m. (hora local) el Santo Padre dirigirá un momento de oración en el atrio de la Basílica de San Pedro, tras el rezo con la Palabra de Dios, Adoración al Santísimo Sacramento, el Papa impartirá una Bendición Urbi et Orbi extraordinaria. Esta especial Bendición suelen impartirla los Pontífices solamente dos veces al año, el 25 de diciembre y el Domingo de Pascua. 

“Presidiré un momento de oración en el atrio de la Basílica de San Pedro. Con la plaza vacía. Desde ahora invito a todos a participar espiritualmente a través de los medios de comunicación. Escucharemos la Palabra de Dios, elevaremos nuestra súplica, adoraremos al Santísimo Sacramento, con el cual al término daré la Bendición Urbi et Orbi y a la cual se añadirá la posibilidad de recibir la indulgencia plenaria”, indicó el Papa.

En esta línea, el Pontífice explicó: “queremos responder a la pandemia del virus con la universalidad de la oración, la compasión, la ternura. Mantengámonos unidos. Hagamos sentir nuestra cercanía a las personas más solas y a quienes más sufren”.

Asimismo, Francisco expresó su cercanía a “los médicos, a los trabajadores sanitarios, enfermeros y enfermeras, voluntarios” y a las autoridades que “deben tomar medidas duras, pero para nuestro bien. Nuestra cercanía a los policías, a los soldados que en la calle intentan mantener siempre el orden para que se cumplan las cosas que el gobierno pide que hagamos por el bien de todos. Cercanía a todos”.

“En estos días de prueba, mientras la humanidad tiembla con la amenaza de la pandemia, quisiera proponer a todos los cristianos de las diferentes confesiones que unan sus voces hacia el cielo”, exhortó el Papa.

Por su parte, el director de la Oficina de Prensa de la Santa Sede, Matteo Bruni, señaló que de acuerdo con lo que afirmó el mismo Papa Francisco en el Ángelus de esta mañana, “en este tiempo de emergencia para la humanidad el Santo Padre invita a todos los católicos de todo el mundo a unirse espiritualmente en oración con él”.

“A todos los que se unirán espiritualmente a este momento de oración a través de los medios de comunicación será concedida la indulgencia plenaria de acuerdo las condiciones previstas en el reciente decreto de la Penitenciaría Apostólica”, añadió Bruni quien explicó también que “la oración del Santo Padre podrá ser seguida en directa a través los medios y se concluirá con la Bendición eucarística que será impartida ‘Urbi et orbi’ a través de los medios de comunicación”.

Un Padre Nuestro contra el coronavirus

En este sentido, el Santo Padre convocó también “a todos los jefes de las iglesias y a los líderes de todas las comunidades cristianas, junto a todos los cristianos de las diversas confesiones, a invocar al Altísimo, Dios omnipotente, rezando contemporáneamente la oración que Jesús Nuestro Señor nos ha enseñado”.

Por ello, el Papa invitó a todos a rezar el Padre Nuestro “varias veces al día, pero, todos juntos” y especialmente “a rezar el Padre Nuestro miércoles próximo 25 de marzo al mediodía (hora local), todos juntos”.

“Que en el día en que muchos cristianos recordamos el anuncio a la Virgen María de la Encarnación del Verbo, pueda el Señor escuchar nuestra oración unánime de todos sus discípulos que se preparan a celebrar la victoria de Cristo Resucitado”, pidió el Papa.

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Mercedes de la Torre| ACI Prensa

Consultado por el periodista español Jordi Évole, en una entrevista transmitida este 22 de marzo, el Papa Francisco señaló que una de sus principales preocupaciones frente a la crisis del coronavirus COVID-19 es “la soledad”, y alentó a rescatar la convivencia de las familias.

“Me preocupa la soledad”, dijo el Santo Padre, y lamentó que “el mano a mano de la convivencia lo hemos olvidado, no lo recordamos”.

Cuando en una familia comen juntos, lamentó, están “los padres mirando televisión y los chicos cada uno con su teléfono comunicándose con otros y entre ellos no se comunican”.

 

La variedad de coronavirus identificada como COVID-19 se registró por primera vez en Wuhan (China) y se ha propagado por cerca de 180 países. De acuerdo a la Organización Mundial de la Salud (OMS), al 21 de marzo se confirmaron 266.073 infecciones de coronavirus COVID-19, y 11.184 muertes en todo el mundo.

Frente al coronavirus, que ha llevado a que muchos gobiernos sugieran o impongan el aislamiento social para evitar que los contagios aumenten, el Papa señaló que “hoy día en las casas, los padres empiezan a escuchar con sus hijos de otra manera”.

“Los papás juegan con sus hijos chicos porque no pueden salir, están allí. Tienen  tiempo para encontrarse, reencontrarse. Hoy día siente cada uno la necesidad de acariciar a sus viejos, a sus abuelos”, señaló.

Para el Papa Francisco, “hoy tenemos que rescatar la convivencia. Y este quizás sea uno de los logros que podemos llegar a tomar en esta tragedia”.

“Muy triste que sea una tragedia, pero tenemos que recuperar la convivencia humana, la cercanía”, señaló.



El Papa Francisco dedicó unos minutos a la adoración del Santísimo Sacramento, tras finalizar la Misa celebrada este martes 17 de marzo en la Casa Santa Marta, para pedir fuerza y consuelo frente a la epidemia de coronavirus COVID-19.

Antes de impartir la bendición final, el Santo Padre expuso el Santísimo en la custodia sobre el altar de la capilla de Santa Marta, y durante unos minutos, rezó en silencio.

El Pontífice ofreció la Misa de hoy por los ancianos “que sufren este momento en modo especial: con una soledad interna muy grande, en ocasiones con tanto miedo”.

El Papa pidió que “recemos al Señor para que sea cercano a nuestros abuelos, a nuestras abuelas, a todos los ancianos que les dé fuerza. Ellos nos han dado la sabiduría, la vida, la historia, también nosotros seamos cercanos a ellos con la oración”.

Al igual que otros países europeos, y del mundo, Italia vive desde hace días una situación de confinamiento ciudadano y bloqueo como medida para atajar la epidemia de coronavirus.

Según el gobierno italiano, a fecha de 16 de marzo, han dado positivo por coronavirus 23.073 personas, de las cuales han fallecido 2.158.

En Italia, las zonas más castigadas son las regiones del norte. En Lombardía, por ejemplo, han dado positivo 14.649 personas, de las cuales han fallecido 1.420 personas.

El gobierno italiano aprobó el pasado 8 de marzo un decreto por el que “quedan suspendidas las ceremonias civiles y religiosas, incluidas las fúnebres”. Las medidas incluyen además la imposibilidad de salir de casa, excepto cuando se necesite comprar alimentos o en caso de alguna emergencia de salud.

El Vaticano difundió este jueves 5 de marzo el mensaje para la Jornada Mundial de la Juventud (JMJ) de 2020, que se celebrará a nivel diocesano el Domingo de Ramos 5 de abril.

El mensaje, que lleva por título “Joven, a ti te digo, ¡levántate!”, subraya la importancia de la movilización de los jóvenes para lograr un mundo caracterizado por la misericordia y renueva el pedido del Santo Padre a la juventud: “¡Hagan lío!”.

En su mensaje, el Pontífice explicó el motivo por el que eligió Lisboa, capital de Portugal, para celebrar la Jornada Mundial de la Juventud de 2022. Francisco explicó que una de las características de la juventud es su predisposición a aceptar desafíos, “a comenzar de nuevo”.

“Os gusta viajar, confrontaros con lugares y rostros jamás vistos antes, vivir experiencias nuevas”, señaló. Por eso, Lisboa es una ciudad que se puede identificar con esos ideales de la juventud, porque “desde allí, en los siglos XV y XVI, numerosos jóvenes, muchos de ellos misioneros, partieron hacia tierras desconocidas, para compartir también su experiencia de Jesús con otros pueblos y naciones”.

El Papa reflexionó sobre el verbo levantarse, que ocupa un lugar central en el lema de la Jornada de este año, pero también del lema de la JMJ de Lisboa: “María se levantó y partió sin demora”, del Evangelio de San Lucas.

Recordó que el lema “Joven, a ti te digo, ¡levántate!” procede del episodio evangélico de la resurrección de un joven en la ciudad galilea de Naín.

Jesús se apiadó de la madre de aquel joven al ver el cortejo fúnebre, explicó el Santo Padre. “Su mirada provocó el encuentro, fuente de vida nueva. No hubo necesidad de muchas palabras”.

Por eso el Papa invitó a los cristianos a preguntarse: “Mi mirada, ¿cómo es? ¿Miro con ojos atentos, o lo hago como cuando doy un vistazo rápido a las miles de fotos de mi celular o de los perfiles sociales?”.

En ese sentido, lamentó que con demasiada frecuencia en el mundo de hoy se puede encontrar a jóvenes, a uno de veinte años, “arrastrando su vida por el suelo, sin estar a la altura de la propia dignidad. Todo se reduce a un ‘dejar pasar la vida’ buscando alguna gratificación: un poco de diversión, algunas migajas de atención y de afecto por parte de los demás…”.

“Hay también un difuso narcisismo digital, que influye tanto en los jóvenes como en los adultos. Muchos viven así. Algunos de ellos puede que hayan respirado a su alrededor el materialismo de quien sólo piensa en hacer dinero y alcanzar una posición, casi como si fuesen las únicas metas de la vida. Con el tiempo aparecerá inevitablemente un sordo malestar, una apatía, un aburrimiento de la vida cada vez más angustioso”.

Tras ser testigo del cortejo fúnebre del joven, Jesús sintió compasión. “La conmoción de Jesús lo hace partícipe de la realidad del otro. Toma sobre sí la miseria del otro. El dolor de esa madre se convierte en su dolor. La muerte de ese hijo se convierte en su muerte”, destacó Francisco.

El Papa destacó la compasión de los jóvenes en la sociedad de hoy: “Es suficiente ver cuántos de vosotros se entregan con generosidad cuando las circunstancias lo exigen. No hay desastre, terremoto, aluvión que no vea ejércitos de jóvenes voluntarios disponibles para echar una mano. También la gran movilización de jóvenes que quieren defender la creación testimonia vuestra capacidad para oír el grito de la tierra”.

Además, pidió a los jóvenes que no se dejen “robar esa sensibilidad”. “Si sabéis llorar con quien llora, seréis verdaderamente felices”.

Jesús detuvo el cortejo fúnebre, se acercó y tocó al joven infundiendo “el Espíritu Santo en el cuerpo muerto del muchacho y reaviva de nuevo sus funciones vitales”.

 

“Ese toque penetra en la realidad del desánimo y de la desesperación. Es el toque de la divinidad, que pasa también a través del auténtico amor humano y abre espacios impensables de libertad, dignidad, esperanza, vida nueva y plena. La eficacia de este gesto de Jesús es incalculable. Esto nos recuerda que también un signo de cercanía, sencillo pero concreto, puede suscitar fuerzas de resurrección”.

El Pontífice recordó a los jóvenes que “también vosotros podéis acercaros a las realidades de dolor y de muerte que encontráis, podéis tocarlas y generar vida como Jesús. Esto es posible, gracias al Espíritu Santo, si vosotros antes habéis sido tocados por su amor, si vuestro corazón ha sido enternecido por la experiencia de su bondad hacia vosotros”.

El Papa también hizo una interesante reflexión sobre lo que hace el joven nada más volver a la vida de la mano de Jesús: Empezó a hablar.

“La primera reacción de una persona que ha sido tocada y restituida a la vida por Cristo es expresarse, manifestar sin miedo y sin complejos lo que tiene dentro, su personalidad, sus deseos, sus necesidades, sus sueños”.

Explicó que “hablar significa también entrar en relación con los demás. Cuando estamos ‘muertos’ nos encerramos en nosotros mismos, las relaciones se interrumpen, o se convierten en superficiales, falsas, hipócritas. Cuando Jesús vuelve a darnos vida, nos ‘restituye’ a los demás”.

El Papa Francisco finalizó su mensaje invitando a los jóvenes a responder a una pregunta. “Queridos jóvenes: ¿Cuáles son vuestras pasiones y vuestros sueños? Hacedlos surgir y, a través de ellos, proponed al mundo, a la Iglesia, a los otros jóvenes, algo hermoso en el campo espiritual, artístico, social. Os lo repito en mi lengua materna: ¡hagan lío! Haced escuchar vuestra voz”.

La película “Wojtyla. La investigación”, se estrenará en España, Polonia y México el próximo 15 de mayo, coincidiendo con la celebración del centenario del nacimiento de San Juan Pablo II, que se celebra el 18 de mayo, y un aniversario más del atentado del 13 de mayo de 1981.

Según precisan desde la distribuidora European Dreams Factory, será una cinta que llegue de manera simultánea a España, Polonia y México. Está dirigida por el escritor José María Zavala junto con un gran grupo de profesionales como Paco Pavón, experto en cine católico y que ha trabajado en otras películas como “Un dios prohibido”, “Poveda”, o “Red de libertad”, así como Javier de la Cruz, compositor de la banda sonora de “El misterio del Padre Pío” y “Renacidos", las dos películas anteriores de José María Zavala.

 

En la película se encontrarán archivos inéditos de San Juan Pablo II, así como fotografías, imágenes y documentos. Pero sobre todo se trata de un recorrido por la persona de Karol Wojtyla para poder profundizar en la grandeza de su vida que lo llevó a ser santo.

José María Zavala es autor de numerosos libros y director de las películas “El misterio del Padre Pío” y “Renacidos”, ambas sobre la figura de este santo italiano y de su influencia todavía hoy, en el mundo actual. 

Redacción 
ACI Prensa

Redacción ACI Prensa

“La soledad se vence no encerrándose en uno mismo, sino invocando al Señor”. Así lo afirmó el Papa Francisco este lunes 3 de febrero en un mensaje difundido por medio de la red social Twitter, en la que también subrayó en que “el Señor escucha el grito del está solo”.

No es la primera vez que el Santo Padre reflexiona sobre la soledad y sus efectos negativos para la persona. En una audiencia concedida el pasado 16 de marzo de 2019 en el Vaticano a los miembros de la Confederación Italiana de Cooperativas, Francisco insistió en que “cuando el hombre se siente solo, experimenta el infierno”.

“Cuando, por otro lado, siente que no está siendo abandonado, entonces puede enfrentarse a todo tipo de dificultades y fatigas. Nuestro mundo está enfermo de soledad”, afirmó. Y como remedio, en aquella ocasión propuso la cooperación.

También durante una homilía pronunciada durante una de las Misas que cada día celebra en la Casa Santa Marta, el Papa recordó que también Jesús experimentó una inmensa soledad en su decisión de aceptar la muerte de Cruz como voluntad del Padre.

“Jesús estaba solo. Nadie le acompañó en esta decisión porque nadie comprendía el misterio de Jesús. Jesús estuvo solo en el camino hacia Jerusalén hasta el fin. Pensemos en el abandono de sus discípulos, en la traición de Pedro… Estaba solo. El Evangelio nos dice que únicamente le consuela un ángel del cielo en el Huerto de los Olivos. Únicamente tenía esa compañía. Por lo demás, estaba solo”.

En otra ocasión, durante la Misa de inauguración del Sínodo de los Obispos sobre la familia el 4 de octubre de 2015, el Pontífice afirmó que la soledad “es el drama que aún aflige a muchos hombres y mujeres”.

Redacción ACI Prensa

Los obispos de Filipinas dieron a conocer una oración que desde hoy se reza en las Misas en el país, ante el avance del coronavirus.

Según informa la agencia vaticana Fides, la oración fue aprobada y entregada por los obispos filipinos que, al concluir su reciente asamblea, han querido pedir al pueblo de Dios que invoque especialmente al Señor ante el avance de la enfermedad.

En Filipinas ya se ha detectado al menos un caso y el gobierno alienta una serie de medidas como lavarse las manos con frecuencia, evitar el contacto directo y usar mascarillas adecuadas.

La Iglesia también ha adoptado estas medidas para las celebraciones litúrgicas y los encuentros pastorales y aconsejan a los fieles que “sigan las recomendaciones de salud de los expertos para prevenir la propagación de la enfermedad”.

Las parroquias están invitadas a llevar a cabo determinadas medidas durante la liturgia como son distribuir el sacramento de la Eucaristía en las manos y no en la boca, cambiar el agua bendita con frecuencia, instalar medidas higiénicas en los confesionarios y evitar dar la mano durante el rezo del Padrenuestro o el intercambio de la paz.

El coronavirus que se originó en la provincia china de Wuhan ha afectado a más de 7.000 personas en China y otros países. Los muertos ya son más de 300 en todo el mundo.

A continuación la oración de los obispos de Filipinas:

Dios nuestro Padre, recurrimos a ti en momentos de necesidad,
solicitando tu protección contra el coronavirus
que ha causado tantas víctimas y ha afectado a muchos.
Oramos por las personas encargadas de estudiar
la naturaleza y las causas de este virus
y cómo se propaga esta infección.
Guía las manos y las mentes de los médicos
para que puedan ayudar a los pacientes
con competencia y compasión.
También a aquellos gobiernos y organizaciones
comprometidos en buscar la cura
y la solución a esta epidemia.
Oremos por los enfermos
para que pronto puedan recuperar la salud.
Concédenos, oh Dios, la gracia de trabajar por el bien de todos
y ayudar a los necesitados.
Amén.

En la Audiencia General de este miércoles 22 de enero, el Papa Francisco reflexionó sobre la Semana de Oración por la Unidad de los Cristianos que en Roma se celebra del 18 al 25 de enero.

En su catequesis el Santo Padre recordó que este año la Semana de Oración gira entorno a la hospitalidad y se basa en el pasaje de los Hechos de los Apóstoles que narra cómo las comunidades de Malta y Gozo trataron a San Pablo y a sus compañeros de viaje, cuando naufragaron.

“La hospitalidad es importante; y es también una importante virtud ecuménica. Significa reconocer, ante todo, que los demás cristianos son verdaderamente nuestros hermanos y nuestras hermanas en Cristo”, explicó el Papa.

A continuación, el texto completo de la catequesis del Papa Francisco.

 

Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!

La catequesis de hoy se enmarca en la semana de oración por la unidad de los cristianos que este año tiene como tema la hospitalidad, partiendo del pasaje de los Hechos de los Apóstoles que narra cómo las comunidades de Malta y Gozo trataron a san Pablo y a sus compañeros de viaje, cuando naufragaron.  A este episodio me referí precisamente en la catequesis de hace dos semanas.

Por lo tanto, recordemos de nuevo la dramática experiencia de ese naufragio. El barco en el que viaja Pablo está a merced de los elementos. Llevan catorce días en el mar, a la deriva, y como no se ven ni el sol ni las estrellas, los viajeros se sienten desorientados, perdidos. El mar se estrella con violencia contra el barco que temen que se rompa por la fuerza de las olas. También les azotan el viento y la lluvia. La fuerza del mar y de la tormenta es terrible e indiferente al destino de los navegantes: ¡eran más de 260 personas!

Pero Pablo, que sabe que no es así, habla. La fe le dice que su vida está en manos de Dios, que resucitó a Jesús de entre los muertos, y que lo llamó a él, a Pablo, para llevar el Evangelio hasta los confines de la tierra. Su fe también le dice que Dios, según lo que Jesús reveló, es un Padre amoroso. Por eso Pablo se dirige a sus compañeros de viaje e, inspirado por la fe, les anuncia que Dios no permitirá que pierdan ni un solo cabello.

Esta profecía se cumple cuando el barco encalla en la costa de Malta y todos los pasajeros pisan la tierra firme sanos y salvos. Y allí experimentan algo nuevo. En contraste con la violencia brutal del mar tempestuoso, reciben el testimonio de la "humanidad poco común" de los isleños. Esta gente, para la que son extranjeros, se muestra atenta a sus necesidades. Encienden un fuego para que se calienten, les dan refugio contra la lluvia y comida.

Aunque todavía no han recibido la Buena Nueva de Cristo, manifiestan el amor de Dios en actos concretos de bondad. Efectivamente, la hospitalidad espontánea y la amabilidad comunican algo del amor de Dios. Y la hospitalidad de los isleños malteses se ve recompensada por los milagros de curación que Dios obra a través de Pablo en la isla. La gente de Malta fue, pues, un signo de la Providencia de Dios para el Apóstol; también él fue testigo del amor misericordioso de Dios por ellos.

 

Queridísimos: la hospitalidad es importante; y es también una importante virtud ecuménica. Significa reconocer, ante todo, que los demás cristianos son verdaderamente nuestros hermanos y nuestras hermanas en Cristo. Somos hermanos. Alguien os dirá: “Pero ese es protestante, ese es ortodoxo...”. Sí, pero somos hermanos en Cristo. No es un acto de generosidad en un solo sentido, porque cuando somos hospitalarios con otros cristianos los acogemos como un regalo que nos han hecho. Como los malteses, - buenos, estos malteses- somos recompensados porque recibimos lo que el Espíritu Santo ha sembrado en estos hermanos y hermanas nuestros, que se convierte en un regalo también para nosotros porque el Espíritu Santo siembra también su gracia por doquier.

Acoger a los cristianos de otra tradición significa, en primer lugar, mostrar el amor de Dios por ellos, porque son hijos de Dios, -hermanos nuestros- y también recibir lo que Dios ha realizado en sus vidas. La hospitalidad ecuménica requiere la voluntad de escuchar a los otros cristianos, prestando atención a sus historias personales de fe y a la historia de su comunidad, comunidad de fe con otra tradición diferente de la nuestra. La hospitalidad ecuménica implica el deseo de conocer la experiencia que otros cristianos tienen de Dios y la expectativa de recibir los dones espirituales que la acompañan. Y esto es una gracia, descubrir esto es una gracia. Pienso en los tiempos pasados, en mi tierra por ejemplo. Cuando vinieron algunos misioneros evangélicos, un grupito de católicos iba a quemarles las tiendas. Esto no: No es cristiano. Somos hermanos, todos somos hermanos, y debemos ser hospitales unos con otros.

Hoy, el mar en el que naufragaron Pablo y sus compañeros vuelve a ser un lugar peligroso para la vida de otros navegantes. En todo el mundo, los hombres y las mujeres migrantes enfrentan viajes arriesgados para escapar de la violencia, para escapar de la guerra, para escapar de la pobreza. Como Pablo y sus compañeros experimentan la indiferencia, la hostilidad del desierto, de los ríos, de los mares... Muchas veces no les dejan desembarcar en los puertos. Pero, desgraciadamente, a veces también encuentran la hostilidad mucho peor de los seres humanos. Son explotados por traficantes criminales: ¡Hoy! Son tratados como números y como una amenaza por algunos gobernantes: ¡Hoy! A veces la inhospitalidad los arroja de nuevo como una ola hacia la pobreza o hacia los peligros de los que han huido.

Nosotros, como cristianos, debemos trabajar juntos para mostrar a los migrantes el amor de Dios revelado por Jesucristo. Podemos y debemos testimoniar que no hay solamente hostilidad e indiferencia, sino que cada persona es preciosa para Dios y amada por Él. Las divisiones que existen todavía entre nosotros nos impiden ser plenamente el signo del amor de Dios por el mundo. Trabajar juntos para vivir la hospitalidad ecuménica, particularmente con aquellos cuyas vidas son más vulnerables, hará de todos nosotros, los cristianos –protestantes, ortodoxos, católicos, todos los cristianos- mejores seres humanos, mejores discípulos y un pueblo cristiano más unido. Nos acercará más a la unidad, que es la voluntad de Dios para nosotros.

El Papa Francisco invitó a “redescubrir nuestro Bautismo” en la Fiesta del Bautismo del Señor que la Iglesia Católica celebra este año el domingo 12 de enero.

Así lo indicó el Santo Padre antes del rezo del Ángelus dominical y después de bautizar en la Capilla Sixtina a 32 bebés, 17 niños y 15 niñas, hijos de empleados vaticanos.

“Una vez más tuve la alegría de bautizar a algunos niños en la Fiesta de hoy del Bautismo del Señor. Hoy eran 32. Recemos por ellos y por sus familias”, afirmó el Papa.

En esta línea, el Pontífice pidió “en la Fiesta del Bautismo de Jesús redescubramos nuestro Bautismo” y añadió “como Jesús es el Hijo amado del Padre, también nosotros nacimos del agua y el Espíritu Santo sabemos que somos hijos amados, el Padre nos ama a todos, somos el objeto de la complacencia de Dios, hermanos de muchos otros hermanos, investidos de una gran misión para testimoniar y anunciar a todos los hombres el Amor sin límites del Padre”.

 

Además, Francisco señaló que “esta Fiesta del Bautismo de Jesús nos hace recordar el propio Bautismo, nuestro Bautismo. También nosotros hemos renacido. En el Bautismo vino el Espíritu Santo para permanecer en nosotros”.

“Por eso es importante recordar, saber, cuál es la fecha de mi Bautismo, nosotros sabemos cuál es la fecha de nuestro nacimiento, pero no siempre sabemos cuál es la fecha de nuestro Bautismo, seguramente alguno de ustedes no lo sabe… Una tarea para hacer en casa: cuando vuelvan, pregunten: ¿cuándo fui bautizada? ¿cuándo fui bautizado? Y festejen en el corazón la fecha del Bautismo cada año. Háganlo. También es un deber de Justicia ante el Señor que ha sido muy bueno con nosotros”, expresó el Papa.  

Al reflexionar sobre la narración del Evangelio de San Mateo sobre el Bautismo del Señor, el Santo Padre se detuvo en “el diálogo entre Jesús, que pide el Bautismo, y Juan Bautista quien quiere negarse y observa: ¿Soy yo quien necesito ser bautizado por ti y tú vienes a mí?”.

“Esta decisión de Jesús sorprende al Bautista: de hecho, el Mesías no necesita ser purificado; en cambio es Él quien purifica. Pero Dios es el Santo, sus caminos no son los nuestros, y Jesús es el Camino de Dios, un camino impredecible”, explicó Francisco quien agregó: “recordemos que Dios es el Dios de las sorpresas”.

En esta línea, el Pontífice destacó que “el Mesías pide ser bautizado, para que se cumpla toda justicia, para que se realice el diseño del Padre que pasa a través del camino de la obediencia filial y de la solidaridad con el hombre frágil y pecador” y añadió que “es el camino de la humildad y la cercanía plena de Dios a sus hijos”.

Por ello, el Papa remarcó que “el Siervo de Dios realiza su misión en el mundo con un estilo contrario al espíritu mundano” y apuntó que se trata de “la actitud de mansedumbre, que nos enseña Jesús con su humildad, la actitud de sencillez, respeto, moderación y ocultamiento, que se requiere también hoy de los discípulos del Señor”.

Sin embargo, el Santo Padre reconoció que “es triste decirlo, pero, cuántos discípulos del Señor se pavonean por ser discípulos del Señor… No es un buen discípulo el que se pavonea. El buen discípulo es el humilde, el manso, quien hace el bien sin hacerse notar”, indicó.

En este sentido, Francisco dijo que “en la acción misionera, la comunidad cristiana está llamada a ir siempre al encuentro de los otros proponiendo y no imponiendo, dando testimonio, compartiendo la vida concreta de la gente”.

Finalmente, el Papa rezó para “que María Santísima nos ayude a comprender siempre más el don del Bautismo y a vivirlo con coherencia en las situaciones de cada día”.

El Papa Francisco explicó que la santidad consiste en “pertenecer a Dios”, tener “comunión con Él” y que esta se traduce en “acciones concretas en lo cotidiano, en el encuentro con los otros”.

Así lo indicó el Santo Padre antes del rezo del Ángelus este 5 de enero, segundo domingo del tiempo de Navidad.

“La santidad es pertenecer a Dios, comunión con Él, transparencia de su infinita bondad. La santidad es cuidar el don que el Señor nos dio. Solamente esto: cuidar la gratuidad. Esto es ser santo", afirmó el Santo Padre.

"Por eso, quien recibe en sí la santidad como don de gracia, no puede no traducirla en acción concreta en lo cotidiano. Este don, esta gracia que el Señor me dio, lo traduzco en acciones concretas en el cotidiano, en el encuentro con los otros”, destacó.

En esta línea, el Pontífice describió que “esta caridad, esta misericordia hacia el prójimo, reflejo del amor de Dios, al mismo tiempo purifica nuestro corazón y nos dispone al perdón, haciéndonos día tras día ‘inmaculados’. Pero -añadió- inmaculados no en el sentido que yo quito una mancha: inmaculados en el sentido que Dios entra en nosotros. El don, la gratuidad de Dios entra en nosotros y nosotros la cuidamos y la damos a los otros”.

Por ello, el Santo Padre rezó para que “la Virgen María nos ayude a recibir con alegría y gratitud el diseño divino de Amor realizado en Jesucristo”.

Además, el Papa Francisco señaló que “las lecturas bíblicas nos ayudan a alargar la mirada, para tener una plena conciencia del significado del nacimiento de Jesús”.

En concreto, el Papa recordó que el pasaje del Evangelio del Prólogo de San Juan “nos muestra la novedad impactante: el Verbo eterno, el Hijo de Dios, se hizo carne”.

“No solo vino a vivir entre el pueblo, sino que se convirtió en uno del pueblo, uno de nosotros. Después de este evento, para orientar nuestra vida no tenemos solo una ley, una institución, sino una Persona, una Persona divina, Jesús, que nos orienta la vida, que nos hace ir por el camino, porque Él lo recorrió antes”.

En este sentido, el Pontífice comentó que en el diseño de Amor realizando en Jesucristo “cada uno de nosotros encuentra la propia vocación fundamental” y el Papa agregó que San Pablo explicó que “estamos predestinados a ser Hijos de Dios por obra de Jesucristo”.

“El Hijo de Dios se hace hombre para hacernos a nosotros, hombres, Hijos de Dios. Para eso el Hijo eterno se hizo carne: para introducirnos en su relación filial con el Padre”.

Por lo tanto, el Santo Padre destacó que “mientras continuamos a contemplar el signo admirable del Pesebre” la Liturgia nos dice que “el Evangelio de Cristo no es una fábula, no es un mito, una narración edificante, no”.

“El Evangelio de Cristo es la plena revelación del diseño de Dios, del diseño de Dios sobre el hombre y sobre el mundo. Es un mensaje al mismo tiempo simple y grandioso, que nos empuja a preguntarnos: ¿Cuál es el proyecto concreto que el Señor puso en mí, actualizando su nacimiento en medio de nosotros?”, cuestionó el Papa, quien añadió que San Pablo sugiere la respuesta: “Dios nos eligió para ser santos e inmaculados de frente a Él en la caridad”.

“Aquí está el significado de la Navidad. Si el Señor continúa a venir entre nosotros, si continúa a darnos el don de su Palabra, es para que cada uno de nosotros pueda responder a esta llamada: ser santos en el Amor”, concluyó.

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