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CAMINAR DIOCESANO

CAMINAR DIOCESANO (7)

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CRECIMIENTO PERSONAL | El Coach.

Todos buscamos la felicidad y sin embargo no todos conseguimos alcanzarla. Numerosas personas, se resignan a no serlo porque creen carecer de medios para lograrlo cuando lo cierto, es que la felicidad esta de piel hacia dentro. Sin duda, de vez en cuando la vida te sorprende con una cachetada que te corta el aire. Sientes dolor, pero la actitud que tomes en ese momento determina la intensidad del dolor y el tiempo que tardas en eliminarlo o en aprender a vivir con su secuela. Cuando hablamos de felicidad, hablamos de una elección y actitud ante la vida. Únicamente nosotros, decidimos si ser o no ser feliz.

Son determinadas actitudes las que nos dificultan ser felices: 1-Nos convertirnos en nuestros propios verdugos criticándonos y juzgándonos duramente a nosotros mismos al cometer un error. Si eres capaz de perdonar a los demás ¿por qué no empiezas contigo mismo?

2- Deja atrás el pasado y vive el “ahora”. El único momento que puedes controlar, es el que estás perdiendo cada vez que revives lo que ya pasó, o anticipas lo que está por pasar. Recuerda que hoy, es el pasado de mañana. Con cada día, con cada paso, estás creando tu destino.

3- Centra tu atención en soluciones y no en problemas. Anclándote en la queja sólo alcanzarás más problemas, sin embargo, aprender a tolerar el malestar a la vez que buscas una solución, te ayudará a encontrar antes la salida de esa situación dañina. ¿Qué prefieres?

4- Asociamos la felicidad al dinero. Por esta regla de tres, todas las personas de un nivel adquisitivo alto deberían ser felices y solo hay que observar la cantidad de personajes públicos que el único problema que han tenido con el dinero es no saber qué hacer con él y, sin embargo, han llegado incluso, a quitarse la vida, por lo tanto, dinero y felicidad no van unidos de la mano. No tener dinero para cubrir tus necesidades básicas, por supuesto que influye negativamente en la felicidad, pero, si tienes las necesidades básicas cubiertas, todo lo demás es porque lo prefieres y no porque lo necesitas. Es una realidad que tener dinero ayuda a ser feliz, pero no es estrictamente necesario para conseguirlo. Lo cierto es que, puedes adaptar tu vida a vivir con menos caprichos e incluso puedes adaptar tu vida a una enfermedad física pero cuando tu equilibrio emocional es lo que falla, lo más que puedes hacer para ser feliz es volcarte al 100 x 100 en recuperarlo.

5- Asociamos felicidad al logro de un objetivo cuando, la felicidad no es llegar al destino sino, disfrutar de estar en el trayecto. De no ser así, los momentos de felicidad serían prácticamente escasos. Cuando ganas un partido, consigues un trabajo, consigues un ascenso, consigues como pareja a esa persona que tanto deseas o, te mudas de residencia, consigues emborracharte de un estado de euforia que es tremendamente satisfactorio, pero de tiempo limitado. Aprender a disfrutar de cada paso que das y te acerca a tu objetivo para, celebrarlo más aun cuando logras alcanzarlo y sentirte orgulloso del esfuerzo y trabajo duro que has llevado a cabo, es felicidad.

6- Vivimos anhelando un estado de felicidad permanente. ¡Anhelamos lo imposible! Debemos aceptar que la felicidad y el dolor son dos lados de la misma moneda. El dolor es como la noche al día y como la claridad y la oscuridad. Son conceptos muy diferentes pero que siempre van unidos. El dolor forma parte de la vida y debemos aprender a tolerarlo para poder ser feliz. ¡Ojo! No se trata de resignarse a vivir con dolor. Eso sería sufrimiento y, el sufrimiento es opcional. Se trata de aceptar que las cosas no siempre salen como nos gustaría y, vivir el dolor como un proceso natural y pasajero sin dejar de mirar hacia adelante en busca de nuevos caminos. Aceptar que la vida tiene momentos buenos y momentos no tan buenos donde la actitud que decidas tomar es la clave para superarlos. “Tu capacidad de conocer la felicidad depende de tu capacidad de conocer el dolor” (Macedonio Fernández) Todo el mundo quiere la felicidad sin dolor, pero no se puede tener un arcoíris sin un poco de lluvia”.

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Roma, 28 octubre 2018.

Nos dirigimos a vosotros, jóvenes del mundo, nosotros como padres sinodales, con una palabra de esperanza, de confianza, de consuelo. En estos días hemos estado reunidos para escuchar la voz de Jesús, “el Cristo eternamente joven” y reconocer en Él vuestras muchas voces, vuestros gritos de alegría, los lamentos, los silencios. Conocemos vuestras búsquedas interiores, vuestras alegrías y esperanzas, los dolores y las angustias que os inquietan.

Deseamos que ahora podáis escuchar una palabra nuestra: queremos ayudaros en vuestras alegrías para que vuestras esperanzas se transformen en ideales. Estamos seguro que estáis dispuestos a entregaros con vuestras ganas de vivir para que vuestros sueños se hagan realidad en vuestra existencia y en la historia humana. Que nuestras debilidades no os desanimen, que la fragilidad y los pecados no sean la causa de perder vuestra confianza.

La Iglesia es vuestra madre, no os abandona y está dispuesta a acompañaros por caminos nuevos, por las alturas donde el viento del Espíritu sopla con más fuerza, haciendo desaparecer las nieblas de la indiferencia, de la superficialidad, del desánimo. Cuando el mundo, que Dios ha amado tanto hasta darle a su Hijo Jesús, se fija en las cosas, en el éxito inmediato, en el placer y aplasta a los más débiles, vosotros debéis ayudarle a levantar la mirada hacia el amor, la belleza, la verdad, la justicia.

Durante un mes hemos caminado juntamente con algunos de vosotros y con muchos otros unidos por la oración y el afecto. Deseamos continuar ahora el camino en cada lugar de la tierra donde el Señor Jesús nos envía como discípulos misioneros. La Iglesia y el mundo tienen necesidad urgente de vuestro entusiasmo. Hacéos compañeros de camino de los más débiles, de los pobres, de los heridos por la vida. Sois el presente, sed el futuro más luminoso.

Roma, 28 octubre 2018

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Por: Pbro. Alejandro Rojas.

El pasado 28 de octubre, el Papa Francisco presidió la Misa de Clausura de la XV Asamblea General Ordinaria del Sínodo de los Obispos, realizada en la Ciudad del Vaticano, del 3 al 28 de octubre del presente, y que tuvo como tema: “Los Jóvenes, la Fe y el Discernimiento Vocacional”. Basado en el texto bíblico del Evangelista San Marcos 10, 46-52, señaló en su homilía, tres pasos fundamentales para el camino de la fe: ESCUCHAR, ACOPAÑAR Y TESTIMONIAR. Tres pasos que la Iglesia debe tener muy en cuenta, especialmente en la atención pastoral que debe dar a los jóvenes.

Subrayó que Jesús en ese pasaje nos da el ejemplo a seguir. Lo primero es tener la capacidad de escuchar a los jóvenes, los cuales están deseosos de ser escuchados; lo segundo es hacerse prójimo de ellos, es decir acompañarlos en su situación cotidiana; y lo tercero, darles un testimonio firme y convencido que haga creíble el mensaje de la Iglesia. Y estos tres pasos los tienen que caminar: sacerdotes, religiosas, profesores, padres de familia, agentes de pastoral.

El día anterior, 27 de octubre, al concluir los trabajos del Sínodo, los Obispos le presentaron al Papa un Documento en donde se contiene el resultado de estos días de intensa oración, reflexión y diálogo entre el Papa, los Obispos y los jóvenes participantes. Dicho Documento, teniendo como hilo conductor el texto bíblico de los discípulos de Emaús, está elaborado en el siguiente orden: Una Introducción, un Proemio y tres grandes partes tituladas así: Primera Parte: “CAMINÓ CON ELLOS”. Segunda Parte: “SE LES ABRIERON LOS OJOS”, Tercera Parte: “PARTIERON SIN DEMORA”. Finalmente, una conclusión. Al recibir este Documento, el Papa mismo explicó su significado, diciendo: “ahora el Espíritu nos entrega a nosotros el documento para que trabaje en nuestros corazones, somos nosotros los destinatarios del documento”. Es pues, algo a reflexionar y a seguir trabajando en este camino sinodal.

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Por: Pbro. Porfirio Franco Ortiz Osorio

Vivir y trabajar en y para la Iglesia de Huajuapan que es parte de la Iglesia de México, nos obliga cada día a pensar en su realidad. Para los sacerdotes, estar incardinados a esta porción del pueblo de Dios significa que un día hicimos una opción: trabajar para este pueblo, unirnos a la suerte de esta porción de fieles, asumir la responsabilidad de servir al pueblo. Los laicos, por su parte, caminan bajo la guía de sus sacerdotes y de su obispo, ellos son la comunidad, ellos construyen la comunidad. La Diócesis o Iglesia local es la Iglesia de Huajuapan, enclavada en la Iglesia Mexicana.

Es algo elemental que laicos, clérigos y religiosos tengamos conciencia de nuestra responsabilidad en el caminar como Iglesia en el tiempo y en el lugar que Dios nos ha asignado. Todos tenemos que saber cuál es la misión de nuestra Iglesia y cuáles son nuestras responsabilidades. Quizá por eso deberíamos empezar. Es nuestra realidad, hemos perdido o no hemos llegado a tener conciencia de Iglesia, no hemos asumido nuestra responsabilidad, nadie nos ha dicho que somos Iglesia. Los obispos de México han formulado un Proyecto Global de Pastoral (PGP) para implementarse en los próximos años. Su propósito no es suplantar o nulificar lo que cada diócesis hace, sino proporcionar criterios mediante un ejercicio más sinodal (sínodo significa camino), es decir, más sinérgico, transversal, subsidiario y gradual para hacer más efectiva la obra de la Redención traída por Jesús.

En otras palabras, quieren que toda la Iglesia de México tenga elementos para que el caminar sea en unión, apoyándonos todos, iluminándonos todos, fortaleciéndonos unos a otros. Pienso que la sinodalidad de la que hablan los obispos significa caminar juntos, responsables todos, interesados todos, laicos, ministros, diáconos, sacerdotes, obispo. Solidarios todos para hacer pueblo, para hacer comunión, para vivir la subsidiaridad. Es preciso que volvamos a vivir como Iglesia; que como bautizados nos interesemos en nuestra Iglesia, que como miembros vivos palpitemos con las alegrías y con las carencias de nuestra Iglesia. Había que pensarlo. En la Asamblea pasada se notó la participación de algunos laicos que siempre participan, pero el análisis que hicimos fue harto superficial. Para crear responsabilidad grupal hay que hacer vibrar a la asamblea motivándola para que asuma la realidad. Se dijeron las cosas que por años venimos diciendo y que por años no hacemos.

Muchos sacerdotes estuvimos afuera, en el patio, como meros espectadores. Ni tuvimos una mirada de como la realidad global está impactando en nuestra diócesis, ni de soslayo echamos un vistazo a las heridas y esperanzas de nuestro pueblo. Quizás, con la temática que asumió la asamblea, algo vimos de la realidad interior de las parroquias. Algo hay que hacer para comprometer a la mayoría de los sacerdotes. Quizá diversificar a la gente que expone los temas, implicar a otros agentes en la conducción de la pastoral, hacer más democrática la redacción de las conclusiones. La familia se desmorona, los jóvenes reclaman ser escuchados, la gente cada vez pierde más el sentido de ser Iglesia. Y nosotros, seguimos pescando en el mismo río, con los mismos instrumentos y los mismos obreros. 

 

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Diacono José G. Enriquez López.

El fenómeno social de la «Gran Caravana de Migrantes Centroamericanos» que atraviesa nuestro México, ha causado un gran debate de opiniones positivas y negativas entre las y los mexicanos. Basta con echar una mirada a las Redes Sociales de Comunicación, para darse cuenta que la opinión de la gente está dividida. La controversia se ha polemizado más, a partir de la propuesta del Presidente de México, de poner en marcha el Plan: «Estás en tu casa». cuyo fin es ofrecer al migrante asistencia médica, asistencia a la escuela de los niños y recibir una identificación temporal, siempre y cuando se encuentren en los Estados de Oaxaca y Chiapas. Este apoyo se ofrecerá de manera temporal mientras regularizan su situación migratoria.

Lo curioso de todo este fenómeno, es que, siendo México el segundo País con más católicos en el mundo y un País de identidad Guadalupana (cfr. PGP 64), son muchos “los que así mismos se llaman católicos” los que juzgan y critican severamente la presencia en nuestro País de los Migrantes Centroamericanos. A estas críticas se han sumado muchos oaxaqueños y chiapanecos, que, con el pretexto de que son Estados de pobreza económica y educativa, no tienen por qué acoger en su tierra a personas extranjeras, ya que pueden traer la malicia de robar y dañar.

Es de admirarse que, “católicos” del Estado de Chiapas y Oaxaca, que celebran frecuentemente a los Santos con grandes fiestas cargadas de comelonas, Misas, bailes, juegos pirotécnicos, jaripeos, antorchas y grandes Calendas; que celebran a la Santísima Virgen María bajo la advocación de Guadalupe, Juquilita, la Asunción, ahora, frente a la Gran Caravana de Migrantes Forzados Centroamericanos realicen juicios de condena, racismo e indiferencia, basados en la pobreza económica y en la pobreza educativa. Jesucristo, centro de nuestra fe católica cristiana, nos enseña en el discurso escatológico de Mateo 25, que, en el examen final de nuestra vida, seremos evaluados conforme a la práctica del amor verdadero: «apártense de mí, malditos, porque fui extranjero y no me hospedaron» (cfr. Mt 25, 41. 43). Con esto, Jesús advierte que, al final de nuestras vidas, creamos o no, seremos juzgados en el amor. Nos enseña que, más que presumir una fe de tendencia fanática a la festividad de los Santos y de la Virgen María, lo más importante es la práctica del amor con el hermano que tiene hambre y sed, que está desnudo y que no tiene donde vivir, que está enfermo y encarcelado (cfr. Mt 25, 31-46).

La fe celebrada nos conduce a la fe encarnada, esto es, vivir lo que se celebra y celebrar lo que se vive, ya que, en el necesitado y enfermo, en el pobre y extranjero, se encuentra a Cristo, y en Él encontramos a Dios. Lejos de todo prejuicio y de toda causa presentada en los Medios de Comunicación, duele saber, que, son seres humanos los que no muestran humanidad, que son profesionistas, , los que realizan juicios de inconformidad en cuanto a la acogida y apoyo al migrante; duele saber que son bautizados católicos despreciando a bautizados. Pero lo que más duele que, este tipo de personas preocupadas más por su economía y educación, ignoran que el grado de estudio, profesión, civilización y fe, se mide por la práctica de la hospitalidad.

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Por: Pbro. Miguel Ambrosio Velasco. | Pastoral Biblica.

 

S e constata en la vida de la Iglesia “hambre y sed de la Palabra de Dios” y esto es un don de Dios porque seguramente es el Señor el que lo envía, (Cfr. Am 8,11). Se puede entender como una “verdadera conversión a la Palabra”. Los testimonios claros de esa hambre y sed los podemos ver, a nivel universal, en los muchos acontecimientos eclesiales de los últimos tiempos, como son el Concilio Vat. ll y los diferentes Sínodos que se han realizado en la Iglesia, sobre todo, el Sínodo sobre la Palabra de Dios, (5-26 Oct. 2008). En todos los acontecimientos eclesiales, encontramos, expresado de diferentes maneras, un llamado para acercarnos a la Palabra de Dios.

En nuestra reciente Asamblea Diocesana, (16- 18 Oct 2018), se expresó de muchos modos, la necesidad de acercarnos a la Sagrada Escritura y buscar en ella la respuesta de Dios a los grandes problemas con que nos encontramos, como miembros de nuestra Iglesia Diocesana. El camino a seguir en la pastoral de la Diócesis, no puede ser otro que el que nos indica Cristo en su Evangelio y que ha seguido la Iglesia a lo largo de 2000 años, iluminado con la Palabra de Dios. La Iglesia lo expresa enfáticamente con la expresión del Sínodo sobre la Palabra: La Sagrada Escritura debe ser el alma de toda pastoral. Más de una persona puede preguntarse ¿Cómo comenzar o continuar para que la Sagrada Escritura se convierta realmente en el alma de toda nuestra pastoral? Es importante no prescindir de verdades muy claras que se expresan cuando decimos “lo que no conocemos no lo amamos; nadie hace lo que no conoce; para hacer algo con entusiasmo debemos estar convencidos”.

Todos necesitamos estar convencidos y motivados. Nos ayudará en primer lugar, pedirle a Dios que nos dé esa hambre y sed de su Palabra, que todos necesitamos. Dicen los filósofos que “la idea lleva al acto”, será muy provechoso e incluso necesario leer y meditar los Documentos de la Iglesia, especialmente el Vaticano ll (la Constitución Dei Verbum) y la Exhortación Apostólica Postsinodal “Verbum Domini”. Es muy sintomático que en varios Documentos del Magisterio se nos hable de la necesidad de “un conocimiento profundo y vivencial” de la Palabra de Dios, (Cfr. DA 247) y de la importancia de la lectura orante de la Sagrada Escritura, especialmente de la “Lectio Divina”, (Cfr. Dei Verbum, Cap. Vl y Verbum Domini 86-87).

Parece claro que el Señor nos pide “conocer su Palabra” y ejercitarnos en la lectura orante de la Sagrada Escritura, especialmente en la “lectio divina”. ¿Qué respuesta le damos al Señor, desde el lugar que tenemos en nuestra Iglesia Diocesana?

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Por: Guadalupe Ituarte Alfaro.

Del francés routine, una rutina es una costumbre o un hábito que se adquiere al repetir una misma tarea o actividad muchas veces. Implica una práctica que, con el tiempo, se desarrolla de manera automática, sin necesidad de razonar. La rutina como cualquier hábito puede ser una carga o algo agradable según la actitud con la que se ejecute. Se hace presente en los estudiantes, maestros, matrimonios, oficinas, en las amas de casa, los vecinos, en los grupos sociales, en las comunidades católicas, en todas partes. Actividades rutinarias se vuelven aburridas; en algunos casos se puede experimentar angustia y tensión, que si se lleva al extremo puede causar depresión, estrés y hasta suicidio.

La repetición de hábitos es importante porque ayuda a tener claridad de las actividades a realizar, es una forma de programación, que da tranquilidad, orden a la vida diaria y ayuda a optimizar el tiempo. Si observamos la mayoría de las personas siguen una rutina: levantarse, bañarse, desayunar, realizar actividades. La parte negativa aparece cuando no nos damos cuenta de lo que estamos haciendo, es necesario encontrar la novedad y la alegría en cualquier actividad. Observar los detalles, los colores, los sonidos, las sensaciones y disfrutarlas.

Todos en algún momento hemos tenido la sensación de que cuando éramos pequeños las horas duraban más, los días parecían meses, un año era una eternidad. Ahora las horas son un instante y cada año pasa más rápido que el anterior. El psicólogo William James, dice que el tiempo parece acelerarse porque a medida que crecemos vivimos cada vez menos eventos memorables. La falta de novedades y la monotonía provocan el aburrimiento, la desmotivación, se pierde la energía y no dan ganas de hacer nada.

Algunas estrategias a utilizar son realizar actividades diferentes, no tiene que ser algo radical simplemente probar algo distinto como comer alguna comida diferente, realizar deporte o algún ejercicio, escuchar otro estilo de música, bailar. También es bueno realizar pequeños cambios cómo utilizar otra vía de trayecto para ir a la escuela, al trabajo o al mercado, probar ir a lugares diferentes. Pequeños cambios son suficientes para romper con la rutina y disfrutar más la vida. La Palabra de Dios siempre nos ilumina: “No se adapten a los criterios de este mundo; al contrario, transfórmense, renueven su interior, para que puedan descubrir cuál es la voluntad de Dios, qué es lo bueno, lo que le agrada, lo perfecto”. (Rom 12,2)

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